Por Francia E. G.Siempre observé con inquietud el sonido estrepitoso de las ambulancias en las calles, y confieso que algunas veces llegué a pensar, que sus conductores aprovechaban su condición para avanzar entre el tráfico. Sin embargo, una madrugada yo era la protagonista. Yo necesitaba velozmente recorrer 80 kilómetros para salvar mi vida.
Las estadísticas médicas indican que
cerca del 20 % de las personas que presentan paros cardíacos y muerte clínica,
ofrecen testimonios de experiencias místicas o paranormales en su regreso del
umbral de la muerte. Hoy la ciencia se interna en las complejidades del cerebro
para intentar dar explicaciones tangibles, pero aún no comprobables.
A mí me ocurrido en mayo del 2008,
vivía en Tenerife (islas canarias, España). Luego de acudir varias veces al
servicio médico, en consulta externa, pasé más de un mes, con una gripe que
empeoraba y no encontraba solución. Hasta que una madrugada ingresé a urgencias
del hospital del sur, con un diagnóstico de miocarditis aguda fulminante. Fui
trasladada al hospital de la capital, los médicos dijeron a mi esposo que
harían todo lo posible, pero las expectativas de que sobreviviera eran
escasas. Pasé un mes en cuidados
intensivos y otro, en planta. Presenté fallo multi orgánico y varias paradas
cardíacas. Las máquinas hacían todo por mí, incluso respirar. El desfibrilador
y yo, nos hicimos amigos inseparables en algunas madrugadas. Sólo el buen Dios,
permitió que hoy esté escribiendo esta nota.
Muchas cosas pasan en ese tiempo, en
que estás en la inconsciencia, tanto en el interior, como alrededor. De esto
último, hay algún grado de percepción. Lo que sí recuerdo, es que todo el
tiempo, el cerebro se convierte en una especie de nana generosa, siempre
dispuesta a contarte algún cuentico para alejarte de la crudeza de la
realidad. Una de las cosas, es que mi
mente había transformado el sonido de la máquina que me permitía respirar, en
un maravilloso mar, que imaginaba junto a mi ventana. En realidad, el mar,
estaba a medio kilómetro de allí.
Cuando desperté, casi un mes después,
mi mente estaba lúcida y reconectándose con la realidad. No podía moverme
porque estaba muy débil, ni hablar, pues estaba entubada, pero yo no lo sabía.
Tenía una necesidad inmensa de contar lo que me había pasado, creí que podía
escribir, pero nada. Probamos letra a letra, asintiendo con la cabeza y mi
esposo pudo completar la palabra, muerte.
Muchos y variados son los testimonios
que rondan las experiencias cercanas a la muerte (ECM) a tal punto, que la
ciencia ha empezado a presentar algunas conjeturas y a dibujar las primeras
respuestas. Con las modernas y efectivas técnicas de reanimación cardíaca, han
aumentado los testimonios de personas que afirman durante este proceso, haber estado fuera de
su cuerpo, haber visto seres queridos fallecidos, sensaciones de plenitud,
retrospectiva de sus vidas y haber ingresado en un túnel de luz, entre otros. A
este último fenómeno, la ciencia ha encontrado una explicación.
El proceso de la muerte empieza
cuando el corazón deja de latir, los pulmones dejan de trabajar y el cerebro ya
no funciona. Así llega la denominada parada cardiorespiratoria o muerte
clínica. A esto le sigue un período entre unos segundos y una hora aproximadamente,
en el que los médicos pueden revertir el curso de la muerte, mediante
reanimación. Es justo allí donde se producen esos episodios que la ciencia hoy
trata de explicar.
En mi caso, experimenté varias
paradas cardíacas, en días diferentes. Por ello, lo más contundente de mi
vivencia era que había muerto. Es algo que uno sabe, es tangible y nadie viene
a decírtelo. Recuerdo varias cosas, entre ellas, un momento en que estaba dentro
de una enorme cueva de rocas grises, con un montón de seres difíciles de
describir; pero que no se ocupaban de mí. Lo sorprendente fue cuando los
observé, cada uno de ellos tenía el
famoso cordón de plata, que te mantiene atado a la vida. Era como una madeja de
lazos muy brillantes. Cuando quise mirar el mío descubrí que yo no tenía nada.
Pero hubo paz y aceptación. Yo estaba muerta. Esa sensación de paz es algo
bello, que no había tenido antes, de ese modo. También vinieron a mi mente como
una secuencia a color, escenas de mi vida, que creía olvidadas, desde la
infancia hasta el presente.
Afuera los
médicos le explicaban a mi esposo, que nadie podía saber exactamente lo que yo
estaba experimentando. Le comentaban que algunos de los medicamentos y
calmantes podían producirme alucinaciones. Lo demás es un terreno aún en investigación,
donde también entra lo espiritual. También le explicaron que dada la
falta de oxígeno en el cerebro por la parada cardíaca, se produce un impacto en
las células nerviosas del campo visual, lo cual se percibe como flashes de
luz que asocian con la teoría del famoso
túnel.
Algunos estudios científicos, aducen esa película de la vida entera, a que una zona del cerebro libera de forma
inusual grandes dosis de noradrenalina, la hormona del estrés, que se libera sin control durante un trauma.
Desde el campo del psicoanálisis, se considera q ECM
(experiencias cercanas a la muerte) es una forma de despersonalización y
disociación que realiza el cerebro como
mecanismo de defensa en caso de extremo peligro y amenaza de muerte.
Sean las razones que le den validez a
estas experiencias, queda la conclusión de una inmensa gratitud, del valor de
la vida y de lo frágil que es para cualquier ser humano, en cualquier instante
de su cotidianidad; esa línea entre nuestra existencia y la muerte. Yo me
levanté de la cama 13 contra todo pronóstico médico y regresé a una vida
completamente normal, sin daño cerebral. Es cuando valoras cada segundo y
comprendes que la vida es aquí y ahora, mañana no sé.
Pertenezco a esa generación que le tocó ser parte del siglo
XX, y que hoy se proyecta con los ojos muy abiertos, hacia ese arco iris infinito de
novedades, que el siglo XXI brinda al
periodismo.
Perfil del blogger
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| FRANCIA conlapizrosablogspot.com |
Llevo el sello profesional de Univalle, Comunicadora
social-Periodista. Pertenezco a esta tierra de l cholado, el pandebono y el quiubo pues mijo. Llevo más de una
década viviendo fuera de Colombia, pero sin olvidar mi país y sin dejar de
visitarlo. Y en el exterior orgullosamente suelo decir, que nací en la sucursal
del cielo.
Entre mis recuerdos más queridos están mis inicios
profesionales, justamente en el Diario Occidente, cuando quedaba en su
tradicional sede, de la calle 12, a media cuadra de la plaza de Caicedo.
Soy una enamorada de la poesía de Mario Benedetti, hace
pocos años me enseñaron a ver partidos de futbol, ir al cine siempre es un buen
plan, disfruto del folclor
latinoamericano, los amaneceres en la montaña me inspiran, el mar me da vida, considero a los perros
como seres excepcionales, y pienso que el amor es el motor de la vida.
Con lápiz rosa
Todos los días hay algo que nos hace
reír, que nos molesta o que nos sorprende. Así que este blog pretende ser un
espacio para que comentemos.
No escapo a mi mirada femenina, para
decodificar el mundo desde allí y
encontrar siempre algo para expresar. Hay muchas cosas que saltan en
conversaciones propias o ajenas o en lugares y situaciones que se descubren
ante nosotros. En este reino infinito de la información, en la que hoy vivimos,
podremos intercambiar opiniones en este blog. Bienvenidos.
