jueves, 12 de enero de 2012

¿Qué pasa cuando “vives” tu muerte?


Por  Francia E. G.

Siempre observé con inquietud  el sonido estrepitoso de las ambulancias  en las calles, y confieso que algunas veces llegué a pensar, que sus conductores aprovechaban su condición para avanzar entre el tráfico. Sin embargo, una madrugada yo era la protagonista. Yo necesitaba velozmente recorrer 80 kilómetros para salvar mi vida.

Las estadísticas médicas indican que cerca del 20 % de las personas que presentan paros cardíacos y muerte clínica, ofrecen testimonios de experiencias místicas o paranormales en su regreso del umbral de la muerte. Hoy la ciencia se interna en las complejidades del cerebro para intentar dar explicaciones tangibles, pero aún no comprobables.

A mí me ocurrido en mayo del 2008, vivía en Tenerife (islas canarias, España). Luego de acudir varias veces al servicio médico, en consulta externa, pasé más de un mes, con una gripe que empeoraba y no encontraba solución. Hasta que una madrugada ingresé a urgencias del hospital del sur, con un diagnóstico de miocarditis aguda fulminante. Fui trasladada al hospital de la capital, los médicos dijeron a mi esposo que harían todo lo posible, pero las expectativas de que sobreviviera eran escasas.  Pasé un mes en cuidados intensivos y otro, en planta. Presenté fallo multi orgánico y varias paradas cardíacas. Las máquinas hacían todo por mí, incluso respirar. El desfibrilador y yo, nos hicimos amigos inseparables en algunas madrugadas. Sólo el buen Dios, permitió que hoy esté escribiendo esta nota.

Muchas cosas pasan en ese tiempo, en que estás en la inconsciencia, tanto en el interior, como alrededor. De esto último, hay algún grado de percepción. Lo que sí recuerdo, es que todo el tiempo, el cerebro se convierte en una especie de nana generosa, siempre dispuesta a contarte algún cuentico para alejarte de la crudeza de la realidad.  Una de las cosas, es que mi mente había transformado el sonido de la máquina que me permitía respirar, en un maravilloso mar, que imaginaba junto a mi ventana. En realidad, el mar, estaba a medio kilómetro de allí.

Cuando desperté, casi un mes después, mi mente estaba lúcida y reconectándose con la realidad. No podía moverme porque estaba muy débil, ni hablar, pues estaba entubada, pero yo no lo sabía. Tenía una necesidad inmensa de contar lo que me había pasado, creí que podía escribir, pero nada. Probamos letra a letra, asintiendo con la cabeza y mi esposo pudo completar la palabra, muerte.

Muchos y variados son los testimonios que rondan las experiencias cercanas a la muerte (ECM) a tal punto, que la ciencia ha empezado a presentar algunas conjeturas y a dibujar las primeras respuestas. Con las modernas y efectivas técnicas de reanimación cardíaca, han aumentado los testimonios de personas que afirman  durante este proceso, haber estado fuera de su cuerpo, haber visto seres queridos fallecidos, sensaciones de plenitud, retrospectiva de sus vidas y haber ingresado en un túnel de luz, entre otros. A este último fenómeno, la ciencia ha encontrado una explicación.

El proceso de la muerte empieza cuando el corazón deja de latir, los pulmones dejan de trabajar y el cerebro ya no funciona. Así llega la denominada parada cardiorespiratoria o muerte clínica. A esto le sigue un período entre unos segundos y una hora aproximadamente, en el que los médicos pueden revertir el curso de la muerte, mediante reanimación. Es justo allí donde se producen esos episodios que la ciencia hoy trata de explicar.

En mi caso, experimenté varias paradas cardíacas, en días diferentes. Por ello, lo más contundente de mi vivencia era que había muerto. Es algo que uno sabe, es tangible y nadie viene a decírtelo. Recuerdo varias cosas, entre ellas, un momento en que estaba dentro de una enorme cueva de rocas grises, con un montón de seres difíciles de describir; pero que no se ocupaban de mí. Lo sorprendente fue cuando los observé, cada uno de ellos tenía  el famoso cordón de plata, que te mantiene atado a la vida. Era como una madeja de lazos muy brillantes. Cuando quise mirar el mío descubrí que yo no tenía nada. Pero hubo paz y aceptación. Yo estaba muerta. Esa sensación de paz es algo bello, que no había tenido antes, de ese modo. También vinieron a mi mente como una secuencia a color, escenas de mi vida, que creía olvidadas, desde la infancia hasta el presente.

Afuera los médicos le explicaban a mi esposo, que nadie podía saber exactamente lo que yo estaba experimentando. Le comentaban que algunos de los medicamentos y calmantes podían producirme alucinaciones. Lo demás es un terreno aún en investigación, donde también entra lo espiritual. También le explicaron que dada la falta de oxígeno en el cerebro por la parada cardíaca, se produce un impacto en las células nerviosas del campo visual, lo cual se percibe como flashes de luz  que asocian con la teoría del famoso túnel.
Algunos estudios científicos, aducen  esa película de la vida entera,  a que una zona del cerebro libera de forma inusual grandes dosis de noradrenalina, la hormona del estrés,  que se libera sin control durante un trauma.
Desde el campo del psicoanálisis, se considera q ECM (experiencias cercanas a la muerte) es una forma de despersonalización y disociación  que realiza el cerebro como mecanismo de defensa en caso de extremo peligro y amenaza de muerte.


Sean las razones que le den validez a estas experiencias, queda la conclusión de una inmensa gratitud, del valor de la vida y de lo frágil que es para cualquier ser humano, en cualquier instante de su cotidianidad; esa línea entre nuestra existencia y la muerte. Yo me levanté de la cama 13 contra todo pronóstico médico y regresé a una vida completamente normal, sin daño cerebral. Es cuando valoras cada segundo y comprendes que la vida es aquí y ahora, mañana no sé.

 
Perfil del blogger

FRANCIA  conlapizrosablogspot.com

Pertenezco a esa generación que le tocó ser parte del siglo XX, y que hoy se proyecta con los ojos muy abiertos,  hacia ese arco iris infinito de novedades,  que el siglo XXI brinda al periodismo.
Llevo el sello profesional de Univalle, Comunicadora social-Periodista. Pertenezco a esta tierra de l cholado, el pandebono y el quiubo pues mijo. Llevo más de una década viviendo fuera de Colombia, pero sin olvidar mi país y sin dejar de visitarlo. Y en el exterior orgullosamente suelo decir, que nací en la sucursal del cielo.


Entre mis recuerdos más queridos están mis inicios profesionales, justamente en el Diario Occidente, cuando quedaba en su tradicional sede, de la calle 12, a media cuadra de la plaza de Caicedo.
Soy una enamorada de la poesía de Mario Benedetti, hace pocos años me enseñaron a ver partidos de futbol, ir al cine siempre es un buen plan,  disfruto del folclor latinoamericano, los amaneceres en la montaña me inspiran,  el mar me da vida, considero a los perros como seres excepcionales, y pienso que el amor es el motor de la vida.

 
Con lápiz rosa

Todos los días hay algo que nos hace reír, que nos molesta o que nos sorprende. Así que este blog pretende ser un espacio para que comentemos.

No escapo a mi mirada femenina, para decodificar el mundo desde allí  y encontrar siempre algo para expresar. Hay muchas cosas que saltan en conversaciones propias o ajenas o en lugares y situaciones que se descubren ante nosotros. En este reino infinito de la información, en la que hoy vivimos, podremos intercambiar opiniones en este blog. Bienvenidos.

1 comentario:

  1. Estos temas siempre resultan muy interesante, sobre todo si se abordan de forma sincera y equilibrada.

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